6 de septiembre de 2010
aquí esta la fecha
Parroquia de Santa Eufemia.Foto de Alberto Arana
Se empezó a construir a finales del siglo XV, en el mismo lugar donde estaba la anterior que había sido destruida. A lo largo de los siglos XVI y XVII se llevaron a cabo distintas obras, pero será en el siglo XVII, alrededor del año 1724, cuando se producen grandes reformas arquitectónicas que la dejaron tal está ahora, exceptuando el retablo que se hizo más tarde.
Destacan algunas fechas significativas:
Iglesia barroca, de ladrillo, en armonía con el entorno, es de planta de cruz latina y capillas laterales, que se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos, excepto en el crucero, donde voltea una cúpula gallonada. Yeserías de follaje, flores y veneras se concentran en los capiteles de las pilastras que van marcando los tramos de la nave, en la línea de cornisa, en la cúpula, enmarques de ventanas y en la zona de sotocoro, logrando excelentes efectos barrocos.
La unidad de este conjunto espacial la rompen dos capillas abiertas a ambos lados del crucero. La de la Virgen del Rosario, en el lado de la Epístola, se construyó el mismo tiempo que la iglesia. Enfrente se sitúa la capilla de San Francisco Javier, neoclásica de comienzos de siglo XIX.
Destacan varios retablos que abarcan una amplia cronología; desde la primera mitad del siglo XVII con San Isidro y San Ramón Nonato, hasta el de las Animas en estilo rococó. (En la capilla de San Ramón Nonoto se conserva una talla de la Virgen del Castellar).
El exterior, muy complejo, lo componen distintos organismos cúbicos y octogonales yuxtapuestos. La torre, una de las más bellas de la ribera navarra junto con la de la catedral de Tudela, se alza sobre un basamento de sillar, con tres cuerpos cúbicos y un cuarto octogonal, sobre el que se sitúa una balaustrada. Los dos últimos cuerpos, algo posteriores, fueron realizados por el mismo maestro que llevó a cabo la de Tudela.
Durante las guerras carlistas esta torre sirvió de refugio a los liberales. En diciembre de 1834, Zumalacárregui y los carlistas, después de batallar en Peralta, asediaron el edificio. Ante la resistencia de sus contrarios, decidieron incendiarla, lo que hizo perecer trágicamente a hombres, mujeres y niños.